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Impacto del miedo en el manejo del ganado bovino

“Quedó paralizado por el miedo” se escucha decir con asiduidad para graficar las situaciones críticas que le ocurre a una persona, lamentablemente con alta frecuencia, en el día a día en nuestra sociedad. Esta frase se puede aplicar también en este artículo sobre el manejo de los bovinos.




Por Rodolfo Acerbi

“Quedó paralizado por el miedo” se escucha decir con asiduidad para graficar las situaciones críticas que le ocurre a una persona, lamentablemente con alta frecuencia, en el día a día en nuestra sociedad. Esta frase se puede aplicar también en este artículo sobre el  manejo de los bovinos.

Le Doux, en 1994, afirmaba que el miedo es una emoción universal en el reino animal y que mueve a los mismos para evitar a sus depredadores. Todos los vertebrados pueden ser condicionados por el miedo.

También lo podríamos expresar en el sentido positivo: todo vertebrado puede ser conducido por el buen trato.

Por su naturaleza y ante nuestra presencia (a pie o montados en un caballo) los bovinos nos ven como sus depredadores y tratarán siempre de agruparse y huir dentro del potrero en donde se encuentran. El mencionado autor también afirma que el acondicionamiento del miedo se desarrolla a través de un circuito en el cerebro subcortical, y que es muy difícil erradicar una respuesta condicionada de miedo. ¿Por qué? Porque eso requiere que el animal suprima el recuerdo del miedo, mediante un proceso activo de aprendizaje. Un único proceso muy atemorizante puede producir una respuesta condicionada muy fuerte, pero es mucho más difícil extinguir esta reacción de miedo.

Por su parte, Temple Grandin informó que observaciones realizadas en explotaciones ganaderas norteamericanas muestran que “para evitar que el ganado bovino u ovino adquiera sentimientos de rechazo o miedo frente a una nueva manga de compresión o un nuevo sistema de corrales, es necesario tomar todos los recaudos para que los mismos no reciban un tratamiento doloroso o muy atemorizante la primera vez que pasen por esas instalaciones”.

Hemos dicho que los bovinos pueden recordar por mucho tiempo tanto situaciones dolorosas como buenos tratos que le ocurrieron en algún lugar del establecimiento (diversos trabajos mencionan que pueden hacerlo hasta por tres años). Por ende, el sólo hecho de percibir que se dirigen a ese sitio, les generará mucho miedo y tratarán por cualquier medio de huir. Obviamente la manga de trabajo reúne todas las condiciones para ser la primera candidata en cumplir con ese rol tan negativo, si aplicamos el manejo “tradicional”.

Recordemos también que el bovino tiene una visión excelente en lo panorámico y de tipo binocular debido a la ubicación anatómica de sus ojos, situación que le permite ver al depredador con gran detalle a muchos metros de su posición e iniciar, por consiguiente, una oportuna huída.

Todo lo contrario ocurre cuando el “objeto” está a corta distancia, debiendo su visión pasar un tiempo en tratar de “entender” qué es lo que está a escasos metros. Por lo tanto, el primer sentimiento será de alerta y miedo… más aún si el “objeto” esta en movimiento. Un ejemplo frecuente es una cadena que se mueve por el viento y golpea contra un poste al ingreso de la manga, situación que hará casi imposible que ingrese.



Hacia sus laterales el bovino tiene visión monocular, por los motivos anatómicos mencionados anteriormente (Ver Gráfico Nº 1). Es por esto que cuando un bovino transita en los corrales fuera del ritmo del paso (trote, etc.) y se proyectan en el piso sombras y luces de los laterales (como si fuera la “cebra” de un senda peatonal) la visión del mismo no tiene el tiempo suficiente en acomodarse para una correcta lectura y transmite a su cerebro que allí hay elementos sólidos (la sombra), debiendo esquivarlos saltando o desplazándose hacia los lados en forma violenta, situación que causará  inconvenientes para un desplazamiento deseado.

Al respecto, Grandin expresó que “esto es especialmente cierto cuando el animal es enfrentado súbitamente a un objeto que está en el piso (como por ejemplo un viejo envase plástico vacío, tan habitual, lamentablemente, en nuestras mangas). En la vida salvaje, las novedades y los sonidos o imágenes extrañas suelen ser señales de peligro. La exposición gradual de los animales a las experiencias novedosas, permite que éstos se acostumbren a estímulos indoloros que anteriormente les habían provocado una reacción de fuga. En algunas situaciones, lo novedoso atrae a los animales. El ganado vacuno y porcino suele acercarse y tocar pedazos de papel arrojados al piso”.

La autora ha observado que el mismo pedazo de papel hace que los animales reculen y salten para alejarse si se los obliga caminar hacia él.

Por lo tanto, el papel puede ser percibido como una amenaza en una situación y como algo inofensivo en otra.

Sabemos perfectamente que los bovinos tienen una buena capacidad de aprendizaje. Tal es el caso de los animales de tambo, feed lot, pedrigree o los que habitan en tierras que profesan la religión hindú; caso emblemático de la India, en donde conviven con las personas y transitan por las calles con ausencia total del miedo.

Al respecto, Peischel y otros (1980) y Alam y Dobson (1986) afirmaron que el ganado vacuno puede acostumbrarse a procedimientos repetitivos que no generen rechazo, tales como los pesajes o las extracciones de sangre.

Sin embargo, los animales no se habitúan a procedimientos que les generen aversión, sin ser necesariamente dolorosos, afirman Hargreaves y Hutson (1990).

Para tal caso, podemos referirnos al trabajo con perros que, aunque no muerdan a los animales, serán siempre considerados depredadores para el bovino. Su sola presencia causará nerviosismo y miedo.

Cuando generamos miedo por un manejo erróneo (sistema “tradicional” y por los tanto, con la creencia que la vaca “aguanta”) causamos un estrés que altera la fisiología del animal. Si esto ocurre en el momento de la carga para faena y durante el traslado, el bovino consumirá sus reservas de energía más rápidamente, casi hasta agotarlas, dependiendo de la intensidad y duración de los errores. La energía surge de  los hidratos de carbono, comúnmente llamados azúcares. Esto traerá luego un impacto adverso en la transformación del músculo en carne a través del proceso llamado maduración. Cuanto menos azúcares tenga el animal al momento de la faena, peor será el proceso de maduración y por consecuencia directa la calidad de los cortes se verá afectada (duros, oscuros, etc.).

Como desde el momento de la carga el animal ya no incorporará azúcares todo lo que le genere miedo y dolor (estrés psíquico y físico) en ese período de tiempo, por no aplicar los procedimientos recomendados por Bienestar Animal,  tendrá irremediablemente impacto negativo en la calidad de la carne producida.

Los efectos de experiencias previas sobre la respuesta de un animal ante el miedo pueden aportar una explicación de los resultados a menudo divergentes de los estudios sobre manejo y transporte. Por ejemplo, los animales que se han criado en condiciones extensivas, pueden tener más estrés psicológico (por el miedo intenso) que los criados intensivamente (feed lot) cuando se los carga descarga para transportarlos.

Los investigadores británicos han descubierto que la carga y la descarga de corderos o terneros era la parte más estresante del proceso de transporte (Trunkfield y Broom, 1990; Knowles, 1995). Un estudio irlandés sobre ganado bovino (Kenney y Tarrant, 1987) informa en cambio, que el viaje en sí era más estresante que la carga y descarga.

Por su parte, Temple Grandin sostiene que “las causas físicas del estrés durante el viaje, como los barquinazos frecuentes, tienen más impacto que el estrés del embarque y desembarque. Una posible explicación de esta discrepancia entre los dos estudios puede ser el nivel de contacto que cada grupo de animales había tenido previamente con la gente de campo. Puede haber una gran diferencia en el grado de estrés por miedo en animales criados bajo sistema extensivo, donde contactan al personal de campo con baja frecuencia y ganado criado en lotes pequeños con un sistema semi-intensivo.

Las diferencias en el nivel de estrés psicológico pueden explicar por qué el exceso de paradas propuestas por la legislación europea durante viajes de larga distancia es perjudicial para la salud de los terneros de destete criados en las condiciones típicas de los sistemas extensivos. Los operadores de corrales de engorde han aprendido a través de la experiencia práctica que los terneros de 200 a 300 kilos norteamericanos, enviados da Texas desde los estados del sudeste, tendrán menos problemas de salud si se los transporta sin escalas durante 32 horas que dura el viaje”.

Es importante saber que el animal no sólo manifiesta el miedo por su actitud ante el mismo sino que también hablará a través del mugido. Al respecto reitero parte de un texto de otra columna realizada tiempo atrás.

Allí decía: …” si la vaca pudiera hablar…” frase que repito con frecuencia, medio en broma y medio en serio durante mis charlas de capacitación sobre los beneficios de aplicar los principios del Bienestar Animal en el día a día del manejo con nuestros bovinos, para evitar generarles miedo.

La naturaleza  les dio la posibilidad de mugir o balar como medio de expresarse hacia sus congéneres y, por supuesto, hacia nosotros cuando aplicamos un manejo inadecuado.

Dentro de la manada interpretan a la perfección el significado de esos sonidos como el dolor-miedo-estrés, aviso de peligros o comunicación social.

Ejemplos de comunicación “social” son los mugidos entre la vaca y su ternero en el momento del destete por actitud maternal y cuando una tropa arriba a una feria y se envía a un corral genera mugidos de aquellos bovinos que ya se encuentran alojados en otro corral cercano.  Contrariamente cuando por causas mecánicas el molino no envía agua y hay sed y causa incomodidad orgánica o dentro de la manga. durante trabajos culturales como una vacunación etc., son consideradas vocalizaciones de dolor y estrés.

Estos son algunos ejemplos claros de inter-comunicación entre ellos.

Los mugidos  “sociales”  que ocurren en la manada no son por dolor-miedo y por lo tanto no dejaran secuelas a futuro.

Cuando se producen durante una práctica ganadera, como ejemplificamos anteriormente, si son una evidencia clara de que están sintiendo un dolor o sufriendo miedo a causa del recuerdo de hechos anteriores negativos y que pudieron ser evitables.

La vocalización de los animales durante estas instancias, son un parámetro  tenido en cuenta por los auditores  con el fin de verificar la aplicación efectiva de los principios del Bienestar Animal en el manejo de un establecimiento ganadero inscripto para exportación o de una planta frigorífica  habilitada para la Unión Europea o para los Estados Unidos (se mide su presencia cada cien animales examinados).

Estas auditorias de los países compradores son en respuesta a una demanda directa de sus propios consumidores.

Debemos saber que la vocalización o “mugido” de nuestros animales nos están indicando el comienzo de una situación de estrés, lo cual traerá  variadas consecuencias tanto en el comportamiento del animal en  la zona de trabajo (la manga) como en sus posteriores índices productivos (ganancia de peso, lactancia, aparición del celo, etc.).

He manifestado en distintas columnas, actos tradicionales que responden a esta situación de estrés (aplicación abusiva de picana eléctrica, perros, uso del pechazo del hombre a caballo violento, gritos y golpes con elementos contundentes, etc.).

A modo de conclusión Temple Grandin nos dice: “Tanto los investigadores científicos como las personas que toman decisiones prácticas que afectan el bienestar animal, deben comprender que el miedo durante el manejo de rutina y el transporte puede variar mucho, aunque no se cause dolor a los animales. El miedo es una causa muy poderosa de estrés.

El ganado bovino que ha sido entrenado y habituado a un procedimiento de manejo puede estar completamente en calma (ejemplo el ordeño), y arrojar mediciones sanguíneas normales de cortisol (esta es una de las sustancias permite medir el grado de estrés en sangre) y pulso cardíaco durante el manejo y la inmovilización.

El ganado que se ha criado en condiciones extensivas y que tiene una disposición excitable (hay razas mas predispuestas a ello, como las índicas versus las británicas) puede tener niveles muy altos de cortisol y exhibir una conducta extremadamente agitada bajo los mismos tratamientos. Para un animal, la manga de compresión (cepo) puede ser percibida como algo neutral y carente de amenazas, y para otro, puede ser el desencadenante de una respuesta extrema de miedo. La repuesta de cada animal estará determinada por una interacción compleja entre su genética y sus experiencias previas (factor humano). Los estudios para evaluar el bienestar animal durante el manejo y el transporte deberían contener a la vez mediciones del comportamiento externo y de las reacciones fisiológicas”.


Finalmente traigo a colación una frase del vaquero Andy Adams que en 1903, Texas, escribió  “muchachos, el secreto de arrear ganado, es que la manada nunca se dé cuenta de que se la está obligando. Que todo lo que el ganado haga sea hecho voluntariamente”.


El bovino nos avisa siempre de sus miedos


Falta que el hombre lo entienda…


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